sábado, 29 de octubre de 2011

CAPITULO I
NARANJAS, DURAZNOS Y LIMAS. ¡OH MI!


Finalmente alguien compró la vieja casa de los DiLaurentis —dijo la
madre de Emily Fields. Era sábado en la tarde, y la Sra. Fields estaba
sentada en la mesa de la cocina, bifocales posados en su nariz,
haciendo sus cuentas con calma.


Emily sintió la Coca-Cola de vainilla que estaba bebiendo burbujear en su nariz.


—Creo que otra chica de tu edad se mudó allí —continuó la Sra. Fields. —Yo iba a
llevar esa cesta hoy. ¿Tal vez quieres hacerlo en mi lugar? —apuntó hacia la
monstruosidad de celofán sobre el mostrador.


—Dios, mamá, no —replicó Emily. Desde que se había retirado de la enseñanza en
la escuela primaria el año pasado, la madre de Emily se había convertido en la no
oficial Dama Wagon de bienvenida en Rosewood, Pensylvania.


 Ella reunió un millón de cosas al azar -frutos secos, esas cositas de goma que se utilizan para tener
frascos abiertos, pollos de cerámica (la mamá de Emily estaba obsesionada con los
pollos), una guía de posadas de Rosewood, y otras cosas- en una gran cesta de
mimbre de bienvenida. Ella era un prototipo de madre suburbana, menos por la
SUV. Ella pensaba que estas eran ostentosas y consumidoras de gasolina, así que
ella conducía un Oh-tan-práctico Volvo en su lugar.


La Sra. Fields se levantó y pasó los dedos por el cabello de Emily dañado por el
cloro. —¿Te molesta mucho ir allí, cariño? ¿Tal vez debería enviar a Carolyn?
Emily miró a su hermana Carolyn, quien era un año mayor y descansaba
cómodamente en el La-Z-Boy en el estudio viendo Dr. Phil. Emily sacudió la
cabeza. —No, está bien. Yo lo haré.


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Claro, Emily se quejó un poco y ocasionalmente rodó los ojos. Pero la verdad era,
que si su mamá lo pedía, Emily haría todo lo que tenía que hacer. Ella era una casi
calificación-A, cuatro veces campeona del estado en nado mariposa y una súper
obediente hija. Seguir las reglas y solicitudes era fácil para ella.

Además, en el fondo ella quería una razón para ver la casa de Alison otra vez. Si
bien, parecía que el resto de Rosewood había empezado a pasar de la desaparición
de Ali desde hace tres años, dos meses y doce días, Emily no.

 Incluso ahora, no podría mirar el anuario de séptimo grado sin querer acurrucarse como un balón. A
veces en días de lluvia, Emily todavía releía las viejas notas de Ali, que guardaba
en una caja de zapatos Adidas debajo de su cama. Ella incluso mantenía el par de
corduroys de Citizens que Ali le prestó en una percha de madera en su armario,
aunque ahora eran demasiados pequeños para ella.

 Había pasado los últimos años en soledad en Rosewood anhelando otra amiga como Ali, pero eso probablemente
no iba a suceder. Ella no había sido una amiga perfecta, pero con todo y sus
defectos, Ali era bastante difícil de reemplazar.

Emily se enderezó y cogió las llaves del Volvo del gancho al lado del teléfono. —
Vuelvo en un rato —dijo mientras cerraba la puerta del frente detrás de ella.

Lo primero que ella vio cuando arrancó hacia la vieja casa victoriana de Alison al
final de la frondosa calle fue una enorme pila de basura en la cuneta y con un gran
letrero de ¡GRATIS! visible, ella se dio cuenta que esas eran las cosas de Alison —
reconoció el blanco, viejo y mullido cobertor de corduroy de Ali. Los DiLaurentises
se habían mudado lejos hacía ya nueve meses. Al parecer, habían dejado algunas
cosas atrás.

Ella aparcó detrás de una gigante camioneta de Bekins y salió del Volvo. —Whoa
—susurró, tratando de evitar que su labio inferior temblara. Bajo la silla, allí había
muchas pilas de libros mugrientos.

Emily llegó hasta allí y miró los lomos. The Red Badge of Courage, The Prince and
the Paupper. Ella recordaba haberlos leído en la clase de ingles de la Sra. Pierce en
séptimo grado, hablaban sobre simbolismo, metáforas, y desenlace.

Allí habían más libros en la parte de abajo, incluyendo algunos que solo lucían como viejos
cuadernos. Cajas cerca a los libros; estaban marcadas como ROPA DE ALISON y
VIEJOS PAPELES DE ALISON. Asomándose de una caja había una cinta azul y

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roja. Emily tiró un poco de ella. Era una medalla de natación de sexto grado que
ella había dejado en la casa de Alison un día cuando habían inventado un juego
llamado Diosas Olímpicas de Sexo.

—¿Quieres eso?

Emily levantó la mirada. Estaba frente a una chica alta y delgada con piel color
leonado, y salvaje cabello rizado negro-castaño. La chica llevaba un top amarillo
cuya tira se deslizaba de su hombro hasta revelar una tira de sostén naranja y
verde. Emily no estaba segura, pero ella pensaba que tenía el mismo sostén en
casa. Era de Victoria’s Secret y tenía pequeñas naranjas, duraznos y limas sobre
toda la, ejem… parte de los senos.

La medalla de natación se deslizó de sus manos y golpeó contra el césped. —Um,
no —dijo, luchando por levantarla.
—Puedes tomar cualquier cosa. ¿Miras el letrero?
—No, de verdad, está bien.

La chica extendió su mano. —Maya St. Germain. Me mudé aquí.
—Yo... —las palabras de Emily se obstruyeron en su garganta. —Soy Emily, —ella
finalmente habló, tomando la mano de Maya y sacudiéndola. Se sentía realmente
formal sacudir la mano de una chica. Emily no estaba segura de que ella hubiera
hecho eso antes. Se sintió un poco confusa. ¿Quizás no había comido suficiente
Honey Nut Cheerios para el desayuno?

Maya señaló las cosas sobre el césped. —¿Puedes creer que toda esas estupideces
estaban en mi nueva habitación? Tuve que sacarlas todas yo sola. Eso apesta.
—Sip, todo esto pertenecía a Alison —Emily prácticamente susurró. Maya se
inclinó a revisar algunos de los libros de bolsillo.

Ella empujó la tira de su top de vuelta a su hombro. —¿Es una Amiga tuya?
Emily hizo una pausa. ¿Es? ¿Quizás Maya no había escuchado sobre la
desaparición de Ali? —Um, ella era. Hace algún tiempo. Al igual que de muchas


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otras chicas que viven por aquí —explicó Emily, omitiendo la parte sobre el
secuestro o muerte o cualquier cosa que debió haber sucedido y que ella no
soportaría imaginar.

—En séptimo grado. Yo voy al onceavo ahora en el Rosewood
Day. —La escuela empezaba después de ese fin de semana. Así que disminuía la
práctica de natación, que significaba tres horas diarias de vueltas de nado. Emily ni
siquiera quería pensar sobre eso.

—¡Yo también voy a Rosewood! —Maya sonrió. Ella se dejó caer en la vieja silla de
Alison, y las ballestas chirriaron. —Mis padres hablaron en el vuelo hasta aquí de
cuan afortunada soy de haber entrado en Rosewood y cuan diferente será de mi
escuela en California.

 Apuesto a que aquí no tienen comida Mexicana, ¿verdad? O,
al menos, verdadera y buena comida Mexicana, como comida de Cali-Mexican.
Solíamos tenerla en nuestra cafetería y mmm, era tan buena. Voy a tener que ir a
Taco Bell. Sus gorditas me hacen querer vomitar.

—Oh —Emily sonrió. Esta chica de verdad hablaba mucho. —Sip, la comida de ese
tipo apesta.

Maya saltó de la silla. —Esta debe ser una extraña pregunta desde que apenas te
conozco, pero, ¿podrías ayudarme a llevar el resto de estas cajas hasta mi
habitación? —Ella indicó hacia unas cuantas cajas de Crate & Barrel situadas cerca
a la camioneta.

Los ojos de Emily se agrandaron. ¿Llevarlo a la vieja habitación de Alison? Pero
sería totalmente grosero si se reusara, ¿no? —Um, seguro —dijo temblorosamente.

El vestíbulo aún olía a jabón Dove y popurrí —sólo como era cuando los
DiLaurentises vivían allí. Emily se detuvo en la puerta y esperó a que Maya le
diera instrucciones, incluso aunque ella sabía que encontraría con los ojos
vendados la vieja habitación de Ali al final de de la sala de arriba.
 Las cajas de mudanza estaban por todas partes, y dos galgos larguiruchos italianos* ladraron
desde detrás de una puerta en la cocina.

—Ignóralos —dijo Maya, subiendo las escaleras hacia su habitación y empujando
la puerta abierta con su cadera.

Wow, luce igual, pensó Emily mientras entraba en la habitación. Pero la cosa era,
que no era lo mismo: Maya había puesto su cama tamaño queen en una esquina

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diferente, tenía una enorme pantalla plana de computador en su escritorio, y había
colocado pósters por todas partes, cubriendo la vieja cenefa de Alison.

Pero algo se sentía igual, como si la presencia de Alison estuviera aún flotando allí.
Emily se sintió mareada y confusa y se inclinó contra la pared para apoyarse.
—Ponla en cualquier lugar —dijo Maya. Emily trató de ponerse en pie, puso la caja
al pie de la cama, y miró alrededor.


—Me gustan tus pósters —dijo. La mayoría de ellos eran de bandas: MIA, Black
Eyed Peas, Gwen Stefani en un uniforme de animadora. —Amo a Gwen —añadió.
—Sip —dijo Maya. —Mi novio está totalmente obsesionado con ella. Su nombre es
Justin. Él es de San Francisco, de donde soy yo.
—Oh. Yo también tengo novio —dijo Emily. —Su nombre es Ben.
—¿Sí? —Maya se sentó en su propia cama. —¿Cómo es?

Emily trató de evocar a Ben, su novio de cuatro meses. Lo había visto hace dos días
—ellos habían visto el DVD de Doom en la casa de ella. La mamá de Emily estaba
en la otra habitación, por supuesto, casualmente molestando, preguntando si ellos
necesitaban algo.

 Ellos habían sido buenos amigos por un tiempo, el mismo tiempo
desde que estaban en el equipo de natación. Todos sus compañeros de equipo
decían que ellos deberían salir, así que lo hicieron. —Él es genial.

—¿Por qué ya no eres amiga de la chica que vivía aquí? —preguntó Maya.
Emily puso su cabello rubio rojizo detrás de sus orejas. Wow. Así que Maya de
verdad no sabía sobre Alison. Sin embargo, si Emily empezaba a hablar de Ali,
empezaría a llorar, lo que sería extraño. Ella apenas conocía a ésta chica Maya. —
Crecí apartada de todas mis viejas amigas de séptimo grado. Todas cambiaron
mucho, supongo.

Esa era una subestimación. De las otras mejores amigas de Emily, Spencer se había
convertido en una exagerada versión de su ya híper-auto perfecto yo; la familia de
Aria de repente se había mudado a Islandia el otoño después de que Ali hubiera
desaparecido; y la adorable y tonta Hanna se había convertido totalmente en poco


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tonta y no adorable y ahora era una perra total. Hanna y su nueva mejor amiga,
Mona Vanderwaal, se habían transformado completamente el verano entre el
octavo y el noveno grado.

 La mamá de Emily recientemente había visto a Hanna
entrar en Wawa, la tienda local de conveniencia, y le dijo a Emily que Hanna lucía
“demasiado zorra como esa chica Paris Hilton.” Emily nunca había escuchado a su
madre usar la palabra zorra.

—Yo sé cómo es crecer apartada —dijo Maya subiendo y bajando en su cama
mientras se sentaba.

—¿Cómo es mi novio? Él está tan asustado de que lo vaya a
abandonar ahora que estamos en diferentes costas. Él es como un bebé grande.
—Mi novio y yo estamos en el equipo de natación, así que nos vemos todo el
tiempo —dijo Emily, buscando un lugar para sentarse también. Tal vez demasiado
tiempo, pensó.

—¿Nadas? —Preguntó Maya. Ella miró a Emily de arriba abajo, que hizo que
Emily se sintiera un poco extraña. —Apuesto a que eres verdaderamente buena.
Tienes buena espalda.

—Oh, no sé— Emily se sonrojó y se inclinó contra el escritorio blanco de madera.
—¡De verdad! —sonrió Maya. —Pero... si eres una gran deportista, ¿eso significa
que me matarías si fumo un poco de hierba?
—¿Qué, ahora? —los ojos de Emily se agrandaron. —¿Qué pasa con tus padres?
—Ellos están en el supermercado. Y mi hermano, él está en algún lugar, pero a él
no le importará
— Maya metió las manos bajo el colchón por una lata de Altoids.
Abrió la ventana que estaba al lado derecho de su cama, sacó un porro y lo
encendió. El humo ondeó en el patio e hizo una nube brumosa alrededor de un
gran árbol de roble.
Maya inhaló de nuevo el porro. —¿Quieres?
Emily nunca había tratado de fumar en su vida, ella siempre pensó que sus padres
lo sabrían de alguna manera, como por el olor de su cabello o forzándola a orinar
en un cubo o algo.
 Pero como Maya ponía el porro graciosamente en sus labios cereza escarchados, lucía sexy. Emily quería verse así de sexy también.

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—Um, bien —Emily se deslizó más cerca de Maya y tomó el porro. Sus manos se
tocaron y sus ojos se encontraron. Los de Maya eran verdes y un poco amarillos,
como los de los gatos.
 Las manos de Emily temblaban. Ella se sentía nerviosa, pero puso el porro en su boca y dio una diminuta calada, como si estuviera sorbiendo la
Coca-Cola de vainilla con una pajita.

Pero eso no sabía como la Coca-Cola de vainilla. Se sentía como si sólo inhalara un
tarro de especias podridas. Ella la cortó con una tos como de hombre viejo.
—Whoa —dijo Maya, tomando de nuevo el porro. —¿Primera vez?
Emily no podía respirar y sólo sacudió su cabeza, jadeando. Respiró un poco más,
tratando de obtener aire en su pecho.

Finalmente sintió el aire en sus pulmones de nuevo. Mientras Maya giraba su brazo, Emily vio una gran y blanca cicatriz descendiente en su muñeca.
 Whoa. Parecía un poco como una serpiente albina sobre su piel bronceada. Dios, ella probablemente ya estaba drogada.

De repente allí había un fuerte ruido metálico. Emily saltó entonces escuchó el
ruido otra vez. —¿Qué es eso? —jadeó.
Maya tomó otra calada y sacudió la cabeza.

—Los trabajadores. Estamos aquí hace un día y mis padres ya han empezado las renovaciones. —Sonrió. 


—Estás totalmente asustada, como si pensaras que los policías estuvieran viniendo. 
¿Has estado en una redada antes?

—¡No! —Emily explotó en risas; ese era un pensamiento tan ridículo. Maya sonrió
y exhaló. —Debería irme —Emily dijo con tono áspero.

La cara de Maya cayó. —¿Por qué?

Emily arrastró los pies fuera de la cama. —Le dije a mi mamá que sólo pararía por
unos minutos. Pero te veré en la escuela el martes.

—Bien —dijo Maya —¿Quizás podrías enseñarme todo por aquí?
Emily sonrió. —Seguro.


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Maya sonrió y dijo adiós moviendo tres dedos. —¿Sabes cómo encontrar el camino
de salida?

—Eso creo —Emily dijo mirando una vez más la habitación de Ali, er, de Maya, y
entonces caminó hacia las escaleras demasiado-familiares.

No fue hasta que Emily sacudió su cabeza afuera en el aire libre, pasó por todas las
viejas cosas de Alison en la cuneta, y se subió de vuelta al auto de sus padres, que
ella vio la cesta de bienvenida en el asiento trasero.

 Joder, pensó, dejando la canasta entre la vieja silla de Alison y sus cajas de libros. 

¿Quién necesita una guía de Rosewood, de cualquier manera?
 Maya ya vive aquí.
Y Emily de repente estaba feliz de que ella lo hiciera.

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martes, 12 de julio de 2011

PRETTY LITTLE LIARS (pequeñas mentirosas)

SI ALGUNA PERSONA NO AH PODIDO CONSEGUIR EL LIBRO DE PRETTY LITTLE LIARS AQUI PUBLICAREMOS LOS CAPÍTULOS POR DÍA O POR SEMANA COMO SE PUEDA .
GRACIAS POR ENTRAR A NUESTRO BLOG FLIZTER.

LIBRO 1 "pretty little liars"

SINOPSIS

En el exclusivo suburbio de filadelfia rosewood, alison es la abeja reina de su colmena de elite en septimo grado.ARIA BF, SPENCER, HANNA Y EMILY. conpiten por su atencion, aun incluso cuando cada una de ellas esconde un horrible secreto que solo alison sabe.
asi que cuando alison se pierde despues de una fiesta de pijamas, nunca se vio de nuevo, y cada chica esta destrozada, pero tambien un poco aliviada.
ahora es un año mas tarde, y aunque las cuatro chicas han crecido algo separadas, todavia cada una de ellas esconde algo. la artificial ARIA esta teniendo una aventura con uno de sus profesores, la fashonista HANNA roba para perfeccionar sus trajes de moda, la sangre azul SPENCER esta durmiendo con el novio de su hermana mayor, mientras que la tradicional EMILY esta tratando de ignorar su atracción hacia una nueva compañera femenina.
cuando las chicas comienzan a recibir mensajes de texto y correos electrónicos e alguien conocido solo como "A", deben enfrentar el hecho contra todo pronostico, que al parecer alison esta de vuelta.
¿podria alison estar a un viva? y si es asi ¿porque esta tan decidida de destapar todos sus sucios pequeños  secretos?


TRES PUEDEN GUARDAR UN SECRETO, SI DOS DE ELLOS ESTAN MUERTOS.
                                                                                                             -BENJAMIN FRANKLIN 



PROLOGO 
COMO COMENZÓ TODO

imaginate que estamos un par de años atras, el verano entre septimoy octabo grado. tu estas bronceada de tanto estar recostada junto a tu picina rodeada de piedras, tienes tu nuevo cojunto "juicy"(¿recuerdas cuando todo el mundo llevaba esos?), y tu mente estaba en un enamorado, el chico que va a la segundaria en otra escuela cuyo nombre no mencionamos y usa arrugados pantalones abercrombie en el centro comercial. tu estas comiendo tu cocoa krispies, asi como te gustan-bañados en leche descremada- y vez a la cara de esta chica en el lado de carton de leche.PERDIDA.Ella es linda-probablemente mas linda que tu-y tiene un aspecto agrecibo en sus ojos. piensas,-talvez a ella le gustan sus cocoa krispies empapados tambien. apuesto que tambien piensa que el chico abercrombie es caliente tambien. te preguntas como alguien tan...asi, tan desaparecido a ti desaparecio. tu pensabas que solo las niñas que entraban en concursos de bellezas terminaban en los lados de los cartones de leche.

Bueno, piensalo de nuevo.

Aria Montgomery enterro su cara en el cesped de su mejor amiga alison DiLaurentis.-delicioso.- murmuro.
-¿estas oliendo la hierba? Emily Fields llamo desde detras de ella, empujando la puerta del carro volvo de su mama, cerrándola con el brazo largo pecoso.
-huele bien.-aria parto el pelo de color rosa a rayas y aspiro el aire caliente del final de la tarde. -al igual que el verano.
Emily se despidio diciendole adios a su mama y se detuvo a subir el jeans azul que colgaban de sus delgadas caderas. Emily habia sido una nadadora competitiva, desde la liga ranilla. e incluso a pesar de lla se veia genial en un speedo, nunca llevaba nada ajustado o remotante lindo como el resto de las niñas de su clase de septimo grado. eso era por que los padres de emily insistian en que un caracter bien construido se lograba de dentro hacia afuera. (aunque emily estaba bastante segura de que ser obligada a ocultar de sus pequeñas camisetas de "las chicas irlandesas lo hacen mejor"en la parte de atras de su cajon de ropa interios no era exactamente ganacia de caracter).
-¡ustedes!alison hizo una pirueta  a travez del patio delantero. su pelo aun en una cola de caballo desordenada, y ella seguia vistiendo su falda de hockey despues de la piesta de fin de año esa tarde.alison era la unica del septimo grado que habia conceguido entrar al equipo JV y llevaba a casa de los aventones que les daban las chicas mayores de la escuela de niñas rosewood day que criticaban a jay-z por cherokees. y quienes rodeaban a alison con conperfume antes de bajarce en el frente para qu no olieran los cigarrillos que todos estaban fumando.
-¿de que me estoy perdiendo? -llamo a Spencer Hanstigs, deslizandoce a travez de una brecha en el cerco de ali para unirce a los demas spencer vivia al lado. paso su larga cola de caballo, lisa, rubia-oscura. por encima del hombro y tomo un trgo de botella morada Nalgene. Spencer no habia logrado entrar en JV con ali en el otoño, y tubo que jugar en el equipo de septimo grado. Ella habia estado metida en el hockey de campo cor un año, y las chicas sabian que habia estado practicando bateos en el patio tracero antes de que llegara.
Spencer odiaba cuando alguien era mejor que ella en cualquier cosa especialmente alicon.

-¡esperame!

ellas se volvieronpara ver a hanna marin saliendo del mercedes de su mama. ella tropezo con su bolso de mano y agito sus brazos recordetes salvajemente. desde que los padres de hanna se habian divorciado el año pasado, ella habia estado ganando peso y usando su ropa vieja. apesar de que ali rodo los ojos, el resto de las chicas pretendieron no notarlo. 

Eso es lo que las mejores amigas hacen.

Alison,Aria, Hanna, Spencer y Emily se encontraron el año pasado cuando sus padres las ofrecieron para trabajar los sabados por la tarde enla unidad de caridad de la escuela rosewood day, todas a exepcion de spencer, quien se ofrecio voluntariamente. por si o no alison sabia de las otras cuatro, las cuatro sabian de alison.Ella era perfecta. Bella, ingeniosa, inteligente. popular, los chicos querian besar a alison, y las chicas-incluso las mayores-querian ser ella. Asi que la primera vez que ali se rio de una de las bromas de Aria, pregunto emily algo sobre la natacion, dijo hanna que su camisa era adorable, o que comento que la caligrafia de spencer era mas ordenada que la suya, no podian dejar de sentirce, asi...deslimbradas.antes de ali, las chicas se habian sentido como los jeans de mama de talle alto con plieges,- torpes y visibles por todas las razones equivocadas -pero entonces ali las hizo sentir como la mas perfectas a adaptacion de Stella McCartney que nadie podia premitirse.

ahora, mas mas que un año mas tarde, en elultimo dia del septimo grado, no eran solo mejores amigas eran las chicas de rosewood day, mucho habia ocurrido para hacerlo de esa manera. cada fiesta de pijamas que tenian, cada viaje de campo, habia sido una aventura. Incluso el salon de clase habia sido memorable cuando estaban juntas.(leer una nota caliente de la capitana del equipo varsity a su tutor de matematicas por el megafono era una leyenda en rosewood day.) pero haia otras cosas que todas querian olvidar. y habia un secreto del que no podian incluso hablar. ali dijo que los secretos eran los que mantenian unida su amistad de cinco mejores amigas por la eternidad. si es que era cierto que iban hacer amigas de por vida.

-Estoy tan contenta de que este dia ha terminado, -gimio suavemente alison antes de empujar suavemente a spencer de vuelta atraves de la brecha en la cerca. -A tu granero.

-Estoytan contenta de que el septimo grado haya terminado. -dijo aria,como ella, emily,y hanna seguian a alison y a spencer hacia el reformado granero convertido en la casa de huespedes donde la hermana mayor de spencer, melissa, habia vivido durante sus años junior y senior de alta escuela. afortunadamente,  se habia graduado recientemente y se dirigia a praga este verano, por lo que era suyo por la noche.

de repente se oyo una voz muy chillona.  -¡alison!¡hey alison!¡hey, spencer!

alison se dirigio a la calle. -no voy,-susurro.


CONTINUARA..?
.pagina 9.






CONTINUACIÓN
DE LA 
pagina 9 (PROLOGO) 


—No es, —Spencer, Emily, y Aria tardaron en llegar.
Hanna frunció el ceño. «Mierda

Este era un juego que Ali había robado a su hermano, Jason, que estaba en el
último año en Rosewood Day. Jason y sus amigos lo jugaban en las fiestas de
después de los partidos de la escuela cuando querían conseguir chicas. Ser el
último en decir "no voy" significaba que tenias que entretener a la chica fea de la
noche, mientras tus amigos llegaban a besuquearse con sus amigas calientes-lo
que significa, en esencia, que eras tan cojo y poco atractivo como ella. En la versión
de Ali, las chicas llamadas "no es" siempre era alguna fea, no cool, o una
desafortunada cerca de ellas.


Esta vez, "no es" fue para Mona Vanderwaal - una idiota de abajo de la calle cuyo
pasatiempo favorito era tratar de hacerse amiga de Spencer y Alison - y sus dos
amigas freakys, Chassey Bledsoe y Phi Templeton. Chassey era la chica que
hackeaba el sistema informático de la escuela y luego le decía al director cómo
mejorar su seguridad, y Phi Templeton iba a todas partes con un yo-yo - no digo
más. Las tres miraron a las chicas desde el centro del tranquilo, suburbio por la
carretera. Mona estaba sobre su patineta Razor, Chassey sobre una bicicleta de
montaña negra, y Phi a pie con su yo-yo, por supuesto.


—¿Quieren venir a ver Factor Miedo? —Mona llamó.

—Lo siento —Alison sonrió tontamente. —Estamos muy ocupadas.

Chassey frunció el ceño. —¿No quieren ver cuando se comen los insectos?





—¡Qué asco! —Spencer susurró a Aria, que entonces comenzó a fingir que estaba
comiendo los piojos invisibles del cuero cabelludo de Hanna como un mono.

—Sí, me gustaría que pudiéramos. —Alison ladeó la cabeza. —Hemos estado
planeando esta pijamada por un tiempo ahora. ¿Pero tal vez la próxima vez?

Mona miró a la acera. —Sí, está bien.

—Nos vemos. —Alison se dio vuelta, poniendo los ojos, y las otras chicas hicieron
lo mismo.


Cruzaron por la puerta posterior de Spencer. A su izquierda estaba el patio vecino
de Alí, donde sus padres estaban construyendo un mirador con veinte asientos
para sus picnics prodigios al aire libre.


—Gracias a Dios los trabajadores no están aquí, —dijo Ali, mirando a una
excavadora amarilla.

Emily se puso tensa. —¿Te han estado diciendo cosas otra vez?

—Tranquila allí, asesina, —dijo Alison. Las demás se rieron.

A veces llamaban a Emily “asesina”, como el pitbull personal de Alí. A Emily solía
parecerle gracioso, también, pero últimamente no se reía con ellas.

El granero estaba justo delante. Era pequeño y acogedor y tenía una gran ventana
que daba a la laberíntica granja de Spencer, que tenía su propio molino de viento.
Aquí en Rosewood Pennsylvania, un pequeño suburbio cerca de veinte millas de
Filadelfia, tenías más probabilidades de vivir en una granja con veinticinco cuartos,
o una casa de campo con piscina con mosaicos de azulejos y bañera de
hidromasaje, como la casa de Spencer, que en una casa prefabricada McMansion.
Rosewood olía a lilas y hierba cortada en el verano y a limpia nieve y a estufas de
leña en el invierno. Estaba lleno de exuberantes, pinos altos, hectáreas de fincas
rústicas de tipo familiar, y unos simpáticos zorros y los conejitos. Tenía fabulosos
centros comerciales, polígonos de la época colonial y parques para los cumpleaños,
las graduaciones, y solo porqué quisimos- hacer-una-fiesta. Y los chicos eran
magníficos en Rosewood, brillantes, sanos, justo en la manera como salido de un
catálogo de Abercrombie. Esta era la línea principal de Filadelfia. Estaba llena de
linajes antiguos, nobles adinerados, y prácticamente antiguos escándalos.

Al llegar a la granja, las chicas escucharon risitas próximas desde el interior.
Alguien chilló —¡te dije que ya basta!

—Oh Dios, —se quejó Spencer. —¿Qué están haciendo aquí?

Cuando Spencer se asomó por la cerradura, vio a Melissa, su remilgada y
apropiada, excelente-en-todo hermana mayor, y Ian Thomas, su delicioso novio,
luchando en el sofá. Spencer dio una patada a la puerta con el tacón de su zapato,


obligándola a abrirse. El establo olía a musgo y un poco palomitas de maíz
quemadas. Melissa se volvió.

—Que co… —preguntó ella. Entonces se dio cuenta de las demás y sonrió. —Oh,
hey chicas.

Las chicas le echaron un ojo a Spencer. Constantemente se quejaba de que Melissa
era una perra súper venenosa, por lo que estaban siempre sorprendidas cuando
Melissa parecía amable y dulce.

Ian se levantó, se desperezó y sonrió a Spencer. —Oye.

—Hola, Ian, —Spencer respondió con una voz mucho más brillante. —Yo no sabía
que estabas aquí.

—Sí lo sabías. —Ian sonrió con coquetería. —Tú estabas espiándonos.

Melissa reajusto su largo cabello rubio y su cintillo de seda negra, mirando a su
hermana. —Entonces, ¿qué pasa? —preguntó ella, un poco acusadora.

—Es sólo… yo no tenía intención de espiarlos… —Farfulló Spencer. —Pero se
suponía que esta noche tendría el lugar.

Ian juguetonamente golpeó a Spencer en el brazo. —Yo estaba jugando contigo, —
bromeó.

Un parche de color rojo se deslizó hasta su cuello. Ian tenía un desordenado
cabello rubio, ojos color avellana de ensueño, y unos totalmente trabajados
músculos del estómago.

—Wow, —dijo Ali en voz demasiado alta. Todas las cabezas se volvieron a ella. —
Melissa, tú e Ian hacen la pareja del Kuh-yoo-test. Nunca te lo dije, pero siempre lo
he pensado. ¿No te parece, Spence?

Spencer parpadeó. —Um, —dijo en voz baja.

Melissa miró por un segundo a Ali, perpleja, y luego se volvió hacia Ian. —¿Puedo
hablar contigo afuera?



Ian bebió toda su Corona mientras las chicas miraban. Ellas sólo bebían super
secretamente de las botellas de los gabinetes de licor de sus padres. Dejó la botella
vacía abajo y les ofreció una sonrisa de despedida mientras seguía afuera a
Melissa.


—Adiós, señoras. —Hizo un guiño antes de cerrar la puerta detrás de él.

Alison se desempolvó las manos. —Otro problema resuelto por Ali D. ¿Vas a
darme las gracias ahora, Spence?




Spencer no respondió. Ella estaba demasiado ocupada mirando por la ventana
delantera del establo. Las luciérnagas habían empezado a encenderse en el cielo
purpúreo.

Hanna se acercó a la taza abandonada y a las palomitas de maíz, tomó un puñado
grande. —Ian es tan caliente. Él es incluso, más caliente que Sean.


Sean Ackard era uno de los más lindos chicos de su grado y el tema de las fantasías
constante de Hanna.

—¿Sabes lo que escuché? —Ali preguntó, dejándose caer sobre el sofá. —A Sean le
gusta mucho las chicas que tienen un buen apetito.

Hanna se iluminó. —¿En serio?

—No. —Alison resopló.

Hanna dejó caer lentamente el puñado de palomitas de maíz de regreso a la taza.

—Por lo tanto, Chicas, —dijo Ali. —Ya sé la cosa perfecta que podemos hacer.

—Espero que no sea desnudarnos de nuevo. —Emily se rió. Habían hecho eso un
mes antes - en un maldito frío - y aunque Hanna se había negado a desnudarse
más allá de su camiseta y sus bragas del día de la semana, el resto de ellas habían
corrido un campo de maíz cercano sin un ápice encima.


—A ti te gusto eso un poco demasiado, —murmuró Ali. La sonrisa se esfumó de
los labios de Emily. —Pero no, estaba reservando esto para el último día de
escuela. Aprendí a hipnotizar a la gente.

—¿Hipnotizar? —Spencer repitió.

—La hermana de Matt me enseñó, —respondió Ali, mirando a las fotos
enmarcadas de Melissa e Ian sobre la chimenea. Su novio de la semana, Matt, tenía
el mismo color arena en el pelo como Ian.

—¿Cómo lo haces? —Hanna preguntó.

—Lo siento, me hizo jurar el secreto, —dijo Ali, se volvió alrededor. —¿Quieren
ver si funciona?
Aria frunció el ceño, tomando asiento en una almohada lavanda en el piso. —Yo
no lo sé...

—¿Por qué no? —Los Ojos de Ali parpadeaba a un títere de cerdo relleno que se
asomaba del bolso púrpura de jersey de Aria. Aria estaba siempre llevando cosas
raras - animales de peluche, páginas arrancadas al azar de las novelas antiguas,
postales de los lugares que ella nunca había visitado.

—¿La hipnosis te hace decir cosas que no quieres decir? —preguntó Aria.

—¿Hay algo que no nos puedes decir? —Ali respondió. —Y ¿por qué sigues
trayendo ese títere de cerdo a todas partes? —Ella apuntó a la misma.

Aria se encogió de hombros y apretó el cerdo relleno de su bolso.

—Mi papá me dio a Pigtunia en Alemania. Ella me aconseja en mi vida amorosa.
—Metió la mano en el títere.

—¡Estás empujando la mano hacia su culo! —Ali chilló y Emily comenzó a reír. —
Además, ¿por qué quieres llevar por ahí algo que tu papá te dio?

—No es gracioso, —espetó Aria, azotando la cabeza para hacer frente a Emily.


Todo el mundo estuvo en silencio durante unos segundos, y las chicas se miraban
sin comprender la una a la otra. Eso venía ocurriendo mucho últimamente:



 Una persona - por lo general Ali - decía algo, y alguien más se enfadada, pero todo el
mundo era demasiado tímido para decir que estaba pasando.

Spencer rompió el silencio. —Ser hipnotizado, um, eso suena algo falso.

—Tú no sabes nada al respecto, —dijo Alison rápidamente.
—Vamos. Podría hacérselo a todas de una sola vez.

Spencer recogió el borde de su falda. Emily soplaba aire a través de sus dientes.
Aria y Hanna se miraron.

Ali estaba inventando siempre cosas para intentar – el último verano, ellas
fumaron semillas de diente de león para ver si tenían alucinaciones, y el pasado
otoño habían ido a nadar a Pecks Pond, a pesar de que un cadáver fue descubierto
una vez allí, pero la cosa era, que a menudo no quería hacer las cosas que Alison
las obligaba a hacer. Todas amaban a Ali hasta la muerte, pero a veces la odiaban
también, por dar órdenes alrededor y por el hechizo que había lanzado sobre ellas.

A veces, en la presencia de Ali, no se sentías reales, exactamente. Se sentían un
poco como muñecas, con Ali organizando todos sus movimientos. Cada una
deseaba que, sólo una vez, alguna tuviera la fuerza para decirle a Ali no.

—¿Por favoooor? —Ali preguntó. —Emily, tú quieres hacerlo, ¿verdad?

—Um. . . —la voz de Emily Tembló. —Bueno…

—Lo haré yo, —Hanna saltó.

—Yo también —dijo Emily rápidamente después.

Spencer y Aria a regañadientes asintieron con la cabeza. Satisfecha, Alison apagó
todas las luces con un chasquido y encendió varias dulce velas aromáticas de
vainilla que estaban sobre la mesa de café.

Entonces ella se apartó y tarareó.


—Muy bien, todo el mundo, simplemente a relajarse, —coreó ella, y las chicas se
organizaron en un círculo sobre la alfombra.

 —Los latidos de su corazón se desaceleran. Piensen en cosas tranquilas. Voy a contar de cien hasta uno, y en cuanto yo toque a todas, estarán en mi poder.

—Espeluznante. —Emily se rió con voz trémula.
Alison comenzó.

—Cien. . . noventa y nueve. . . noventa y ocho…
Veintidós. . .
Once. . .
Cinco. . .
Cuatro. . .
Tres. . .

Le tocó la frente a Aria con la parte gordita de su pulgar. Spencer descruzó las
piernas. Aria torció su pie izquierdo.

—Dos…—Poco a poco tocando a Hanna, a continuación, Emily, y luego se trasladó
hacia Spencer. —Uno.

Los ojos de Spencer se abrieron antes de que Alison pudiera alcanzarla.
Se levantó de un salto y corrió hacia la ventana.

—¿Qué estás haciendo? —Ali dijo en voz baja. —Estás arruinando el momento.

—Está muy oscuro aquí dentro. —Spencer se acercó y abrió las cortinas.

—No —Alison bajó los hombros. —Tiene que estar oscuro. Así es como funciona.
—Vamos no lo hace. —Las cortinas estaban pegadas; Spencer gruñó sacándolas libre.

—No. Lo hace.


Spencer puso las manos en sus caderas. —Lo Quiero más claro. Tal vez todas lo
quieren.

Alison miró a las otras. Todas ellas aún tenían los ojos cerrados.

—No siempre tiene ser en la manera que tu lo deseas, sabes.

Alison ladró una risa. —¡Ciérralas!

Spencer puso los ojos. —Dios, toma una píldora.

—¿Crees que debo tomar una píldora? —Alison demandó.

Spencer y Alison se miraron por unos pocos momentos. Ellas tenían una de esas
peleas ridículas en las que discutían por quién vio primero el nuevo vestido
Lacoste polo en Neiman Marcus o si el color miel parecía demasiado descarado,
pero en realidad era otra cosa por completo. Algo de alguna manera más grande.

Finalmente, Spencer señaló la puerta. —Vete.

—Está bien. —Alison se dirigió afuera.

—¡Bien! —Pero después de pasar unos segundos, Spencer la siguió. El aire de la
tarde azulada estaba en calma y no había ninguna luz encendida en la casa
principal de su familia. Todo estaba en silencio, también - aunque los grillos se
callaron - y Spencer podía oírse respirar. —¡Espera un segundo!
—Exclamó después de un momento, cerrando de golpe la puerta detrás de ella. —¡Alison!
Pero Alison se había ido.

Cuando escuchó el portazo, Aria abrió los ojos. —¿Ali? —llamó. —¿Chicas? —No
hubo respuesta.

Miró a su alrededor. Hanna y Emily sentadas como bultos en la alfombra, y la
puerta estaba abierta. Aria se movió hacia el porche. No había nadie allí. Se acercó
de puntillas al borde de la propiedad de Ali. Los bosques estaban en frente de ella
y todo estaba en silencio.


—¿Ali? —susurró. Nada. —¿Spencer?

En el interior, Hanna y Emily se frotaron los ojos. —Acabo de tener el más extraño,
—dijo Emily. —Quiero decir, supongo que era un sueño.

—Fue muy rápido. Alison estaba cayendo en un profundo pozo de bienestar, y ahí
estaban todas estas plantas gigantes.

—¡Ese fue mi sueño también! —Hanna dijo.

—¿Lo fue? —preguntó Emily.

Hanna asintió con la cabeza. —Bueno, más o menos. Había una gran planta igual.
Y creo que vi a Alison también. Tal vez su sombra, pero definitivamente era ella.
—Whoa, —Emily dijo en voz baja. Se miraron entre sí, sus ojos muy abiertos.

—¿Chicas? —Aria dio un paso atrás por la puerta. Estaba muy pálida.

—¿Estás bien? —preguntó Emily.

—¿Dónde está Alison? —Aria arrugó la frente. —¿Y Spencer?

—No lo sé, —dijo Hanna.

En ese momento, Spencer estalló de nuevo en la casa. Todas las chicas saltaron. —
¿Qué? —preguntó ella.

—¿Dónde está Ali? —Hanna preguntó en voz baja.

—No lo sé —susurró Spencer. —Pensé. . . No sé.

Las chicas se quedaron en silencio. Todo lo que podían oír eran las ramas de los
árboles deslizándose por las ventanas. Sonaba como si alguien estuviese raspando
sus largas uñas contra un plato.

—Creo que quiero ir a casa, —dijo Emily.


A La mañana siguiente, todavía no habían tenido noticias de Alison.

Las chicas se llamaban entre sí para hablar, una llamada de cuatro vías en esta
ocasión en lugar de cinco.

—¿Crees que ella está enojada con nosotras? —Hanna preguntó. —Ella parecía
toda extraña en la noche.

—Ella esta probablemente donde Katy, —dijo Spencer. Katy era una de las amigas
de Ali del hockey sobre césped.

—¿O tal vez con Tiffany, esa chica de campo? —Aria ofreció.

—Estoy segura de que esta en algún lugar divirtiéndose, —dijo Emily en voz baja.
Una por una, ellas recibieron llamadas de la señora DiLaurentis, preguntando si
habían oído hablar de Ali. Al principio, las chicas todas, la cubrieron.
Era la regla no escrita: Habían cubierto a Emily cuando se paso de las 23:00 su
toque de queda de fin de semana, habían endulzado la verdad para Spencer
cuando pidió prestado el abrigo de lona de Ralph Lauren de Melissa y,
accidentalmente, lo había dejado en el asiento de un tren, y así sucesivamente. Pero
cuando cada una le colgaba a La señora DiLaurentis, una sensación amarga se
sentía en el estómago.

Algo se sentía terriblemente mal.

Esa tarde, la señora DiLaurentis llamó de nuevo, esta vez en estado de pánico. Ya
por la noche, los DiLaurentis habían llamado a la policía, y a la mañana siguiente
había coches de policía y furgonetas de los noticieros acampando en el
normalmente prístino jardín delantero de los DiLaurentis.

 Era el sueño húmedo de un canal de noticias local: una bonita chica rica, perdida en una de las más seguras
ciudades de clase alta en el país.

Hanna llamó a Emily, tras ver la primera noche a Ali en las Noticias. —¿Te
entrevistó la policía hoy?

—Sí—murmuró Emily.


—A mí también. Tu no les dijiste acerca…—Ella hizo una pausa.

—La cosa de Jenna, ¿verdad?

—¡No! —Emily se sobresaltó.

—¿Por qué? ¿Crees que saben algo?

—No… no podrían, —Hanna susurró después de un segundo.

—Nosotras somos las únicas que lo sabemos. Las cuatro. . . y Alison.

La policía interrogó a las chicas, con practicidad interrogaron a todo el mundo el
Rosewood, desde el instructor de gimnasia de segundo grado de Ali hasta al tipo
que le había vendido una vez Marlboros en Wawa. Era el verano antes de octavo
grado y las chicas se supone que deberían coquetear con los chicos mayores en
fiestas en la piscina, comiendo maíz en los otros los patios traseros, e ir de compras
todo el día en el centro comercial King James. En lugar que estaban llorando a
solas en sus camas con dosel o mirando sin expresión a sus paredes cubiertas de
fotos. Spencer se volvió una compulsiva con la limpieza diaria, revisando lo que su
pelea con Ali realmente trataba, y pensando cosas que sabía acerca de Ali que
ninguna de las otras sabía. Hanna pasaba muchas horas en el suelo de su
dormitorio, escondiendo bolsas de Cheetos vacíos bajo su colchón. Emily no podía
dejar de obsesionarse con una carta que había enviado a Ali antes de desaparecer,
y si alguna vez Ali la había conseguido. Aria se sentaba en su escritorio con
Pigtunia. Poco a poco, las chicas empezaron llamarse unas a otras con menos
frecuencia. El mismo pensamiento cazándolas a las cuatro, pero no tenían nada
que decirse unas a otras.

El verano se convirtió en el año escolar, que resultó en el próximo verano. Todavía
sin Ali. La policía continuó la búsqueda - pero en voz baja. Los medios de
comunicación perdieron interés, moviéndose para obsesionarse con un Homicidio
Triple en el Centro de la ciudad. Incluso los DiLaurentis se fueron de Rosewood
dos años y medio después de que Alison desapareció. En cuanto a Spencer, Aria,
Emily, y Hanna, algo cambió en ellas, también. Ahora bien, si pasaban por la
antigua calle de Ali y miraban a su casa, no entraban en el modo de lloriqueo
instantáneo. En su lugar, comenzaron a sentir algo más



Alivio.

Claro, Alison era Alison. Ella era el paño de lágrimas, La única que deseabas
alguna vez llamando a tu enamorado para descubrir cómo se sentía acerca de ti, y
la palabra final sobre si tus jeans nuevos hacían ver tu culo grande. Pero las chicas
también tenían miedo de ella. Ali sabía más de ellas que ninguna otra, incluyendo
las cosas malas que querían enterrar - justo como un cuerpo. Era horrible pensar
que Ali podría estar muerta, pero… si ella lo estaba, al menos sus secretos estaban
a salvo. Y ellas lo estuvieron. Durante tres años, de todos modos.